Muchos de los chefs más aclamados del mundo, las mayores empresas inmobiliarias y las autoridades sanitarias están de acuerdo en que el futuro de la cocina es eléctrico. Te explicamos por qué.
Nuestro entorno construido genera el 20 % de las emisiones globales de carbono. Aunque la industria avanza con rapidez hacia la descarbonización, cocinar con gas frena ese progreso al mantener las conexiones de gas en hogares, restaurantes y oficinas. Al mismo tiempo, la comunidad científica alerta sobre los graves riesgos para la salud, asociados a cocinar con gas. Ha llegado el momento de dar el paso a la electricidad.
La ciencia es clara: cocinar a gas perjudica nuestra salud. El gas contiene sustancias químicas altamente tóxicas, como el benceno y el dióxido de nitrógeno, que se filtran al aire, incluso cuando la estufa está apagada. Las investigaciones demuestran que los niños que viven en hogares con estufa de gas tienen un 42 % más de riesgo de padecer asma y un 24 % más de probabilidades de ser diagnosticados con asma en algún momento de su vida. Estudios recientes de la UCLA muestran que los hogares que cocinan a gas pueden tener niveles de contaminación atmosférica más altos en el interior que los permitidos legalmente en el exterior.
El gas que usamos para cocinar es un combustible fósil, principalmente metano, que tiene efectos desastrosos en el clima global. Según la Universidad de Harvard, «el metano tiene un poder de calentamiento más de 80 veces superior al del CO2 en sus primeros 20 años en la atmósfera, lo que marca el ritmo del calentamiento a corto plazo». La demanda constante de cocinas de gas sigue impulsando nuevas conexiones de gas. Eliminar gradualmente el gas fósil en nuestras cocinas es un paso importante hacia hogares más saludables y un futuro más limpio y seguro para todos.
A diferencia de las cocinas eléctricas tradicionales, la inducción calienta los alimentos mediante campos magnéticos, con mayor precisión y eficacia. Por eso cada vez más chefs de prestigio la eligen y la consideran el futuro de la cocina. Hoy la tecnología es más accesible y asequible que nunca, y gracias a los nuevos woks eléctricos de gran potencia, la inducción se expande rápidamente también en Asia.
En todo el mundo, más de 2500 millones de personas siguen dependiendo de combustibles sólidos peligrosos, como la biomasa y el carbón, como su principal combustible para cocinar. Según la Organización Mundial de la Salud, como consecuencia, 3,2 millones de personas al año mueren prematuramente a causa de la contaminación del aire en interiores. A medida que las energías renovables proporcionan electricidad más barata y accesible, la cocina eléctrica se ha convertido en una opción viable para cocinar de forma segura para gran parte del planeta. En lugares como EE.UU., la cocina eléctrica también reduce las facturas y evita las repercusiones económicas de unos precios del gas cada vez más inestables.